Estoy hambriento de imitar tus mañas,
asesina del momento escurridizo.
Sí, me siento ansioso por desperdiciar las horas
esperando olvidarme de lo que creo indestructible.
Ojalá pudieras hacerme entender,
De alguna manera metafísica y sabrosa,
que no hay nada más que escombros
en nuestro imperio agónico,
alma horrible y petrificada.
Si fueran reales todos tus tiros,
Y apuntaras esta vez directo al pecho,
¿Qué sacaría yo con imponerme la peor de las
amnesias, sabiendo que ya no hay nada bello por desterrar?




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